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Entre Alemania y España: Francia

Título geográficamente correcto, de por cierto, aunque este post no hable de geografía sino de lenguas construidas.

Hace ya varios años (unos 3 como mínimo), cuando estaba recién descubriendo el mundo de los idiomas, me topé con un artículo sobre la Ley de Grimm, que explica los cambios consonánticos que sufrieron las lenguas germánicas. A modo de juego, probé una vez a hablar (en Español) sustituyendo las consonantes por las equivalentes en idiomas germánicos. Así palabras como pez se convertían en fez (similar al inglés fish, que, de hecho, proviene de la misma raíz). Las palabras escritas quedaban irreconocibles (comparen Palabra con falapra) aunque, sorprendentemente, el cambio era mucho menos evidente al pronunciarlas: la forma hablada aún era comprensible.  Una pregunta entonces surgió en mí cabeza: ¿Que pasaría si el Español evolucionara de la misma forma que lo hicieron los idiomas germánicos, con la ley de Grimm?. Ese mismo día, el idioma ya tenía nombre: Lync /lynç/, que después se dividiría en dos dialectos el Lynn del Este y el Lyn del Oeste.

Pero, teniendo ya un idioma y dos dialectos hispanogermánicos ¿por qué quedarme ahí? Ya entonces tenía un puñado de conlangs (muchas menos que hoy, claro) y mi paladar lingüístico ya se estaba desarrollando. Y mientras que tantos critican al idioma alemán (“un idioma ladrado por Terminator con palabras con kilómetros de consonantes”), a mí, en cambio, me empezó a gustar cada vez más en cuanto a su sonido (y, por muy idioma del amor que sea el francés, un Ich liebe dich para mí siempre es más expresivo que un Je t’aime). Tras averiguar una u otra cosa sobre como el proto-germánico (mi Lynn) se convirtió en el alemán, ya decidí que ese dialecto del oeste se convertiría en una lengua alemanoide: el Lün /lyn/.

Es una conlang con vocabulario (casi) íntegramente español, pero transformado de tal forma que su sonido sea alemán. Por supuesto, los cambios desde el Español (lengua abuela) al Lün no son únicamente en el sonido: también tomé otros elementos como el orden de palabras alemán (aunque no es seguido a rajatabla). Como no podría ser de otra manera, la ortografía se asemeja lo más posible al alemán por lo que, por ejemplo, la palabra yo, si bien apenas cambia su pronunciación, pasa a escribirse scho.

Un idioma híbrido, con palabras de Cervantes y pronunciación de Goethe… Como apunté en el título, ¿qué sería mejor para testearlo que un texto de un francés?

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