Con moros en la costa

JRR Tolkien dijo una vez que construyó el mundo de sus libros (entre los que sobresale la trilogái del Señor de los Anillos) únicamente para darle un marco a las lenguas que él creó. Es un hecho que muchos conlangers (especialmente aquellos que hacen idiomas puramente artísticos) consideran que el conworlding (la creación de ‘mundos construidos’) esta intrínsecamente relacionado a las conlangs. Según algnos “Ningún mundo se siente real hasta que se le da un lenguaje que hablen sus habitantes” mientras que otros aseguran que “toda conlang genera una historia y un mundo consigo”.

La verdad es que no estoy plenamente de acuerdo con ellos. Muchas veces mis conlangs no tienen realmente un marco (o se lo doy mucho tiempo después). Simplemente no soy un conworlder, sino solamente un conlanger… aunque estas cosas pueden cambiar…

A principios de esta semana, tuve una idea que era demasiado interesante para dejarla pasar. Una idea sobre un mundo alternativo. Igual que muchas de mis conlangs, esta idea nació como una pregunta: ¿Cómo hubiera sido el mundo si la Reconquista (más abajo explico muy brevemente esa parte de la historia española) hubiera fracasado? ¿Y cómo se hubieran desarrollado los idiomas de un mundo así?

Tras un rato de pensar, y una brevísima investigación a base de Wikipedia, empecé a escribir esta ficción histórica. Muchos de sus eventos están basados en cosas que realmente pasaron. Otros, son completamente ficticios. Espero que nadie se vea de alguna manera ofendido.

Historical map of (actual) Spain during Reconquista. [image from Wikipedia]

HISTORIA DEL MUNDO REAL: La Reconquista

A fines del siglo VIII, la mayor parte de la península ibérica estaba bajo el mando de un reino musulmán: Al-Ándalus, lo cual no era visto con buenos ojos por los reinos del resto de Europa y, en especial, los del norte de la península, como León, Asturias y Castilla. Estos reinos del norte español decidieron emprender una guerra con los “moros” (es decir, los mozárabes de Al-Ándalus), reclamando lo que supuestamente habían sido tierras cristianas, de ahí el nombre Reconquista.

Esta campaña militar tardó siglos en concluir pero lo hizo de forma exitosa, cuando un reino español de religión católica unificó toda la península (con la excepción deñ reino portugués). Tras el re-descubrimiento de América en 1492, España se expandió al “Nuevo Mundo” transformándose en un poderoso imperio.

El castellano extendió su influencia al resto de España hasta el punto de pasar ser llamado español, desplazando totalmente al Mozárabe (llamado en ese entonces Latino por los moros), la lengua típica de l Al-Ándalus que estuvo cerca de haber dominado la península.

HISTORIA FICTICIA:

El Ascenso de Al-Andalus

Naturalmente, el nombre Reconquista es netamente Español, perteneciente al lado ganador. El término árabe correspondiente es “سقوط الأندلس” que literalmente significa la caída de Al-Andalus.

La gran diferencia entre nuestro mundo y el alternativo es que en éste Al-Ándalus no cayó sino que pasó todo lo contrario: los “moros” no fueron conquistados por los “españoles” sino que fueron los mozárabes quienes expandieron su territorio a toda la península.

El punto de divergencia entre los dos mundos se sitúa poco después de que los reinos católicos empezaran a expandirse al sur, alzándose contra Al-Ándalus. Fue en ese entonces donde apareció una gran figura del lado musulmán: Yusif Almajid, un lider militar impecable y maestro de la estrategia. Previendo la amenaza que podrían suponer los reinos norteños, no dudó en pedir ayuda a otros reinos musulmanes, especialmente Marruecos. Las tropas andaluzas junto a los marroquíes bajo el mando de Almajid fueron increíblemente exitosos. No solo frenaron el avance de los reinos católicos sino que permitieron que Al-Ándalus se expandiera al norte, hasta finalmente unificar a la península Iberia bajo su mando.

La Cruzada

Las otras naciones católicas de Europa (especialmente Inglaterra, Francia e Italia) no se mostraron exactamente complacidos con la situación actual. Un territorio de “infieles” (para su mentalidad medieval) era sencillamente inaceptable. Se planeó hacer una cruzada que fue demorada por una peste.

La Cruzada Ibérica o Cruzada de España (como pasaría a los libros eventualmente) fue una guerra de dos frentes. Por un lado teníamos a la Campaña de Occitania, una guerra de muy lento avance mientras duró, llevada a cabo en la fronteras entre la España musulmana y Francia. Por otro se realizaba una campaña naval en el Norte de España, la cual es decididamente más interesante.

Los aliados católicos reunieron una armada (a la cual nombraron Armada Invencible con una falta de molestia que los españoles de nuestro mundo eventualmente compartirían), la cual estaba compuesta mayormente de franceses y británicos que partieron del sur de Inglaterra y Gales hacia la costa norte del antiguo reino de León. Fue un ataque similar a la invasión de Normandía en la segunda guerra mundial (en nuestro mundo, claro), aunque con la notable ausencia ametralladoras. También hubieron intentos esporádicos de invasión en el sur español, conducidos mayormente por Italia.

La Cruzada fue en general un fracaso, ya que la España mora la resistió. La única campaña que logró cierto éxito fue la del norte español, que logró establecer un estado cristiano independiente en León de un tamaño similar a Suiza. Fueron varios los factores que llevaron a la cruzada al fracaso y a los mozárabes a la victoria. Los descubrimientos hechos en aquella época fueron posiblemente los más trascendentales.

El Nuevo Mundo

El Lejano Oriente era una tierra misteriosa y mítica para la Europa medieval. Cada año, varios aventureros arriesgaban sus vidas para llegar hasta allí y volver. Por supuesto, no lo hacían para saciar ansias de aventura ni eran viajes espirituales. El motivo era mucho más mundano: la existencia de las especias, tan abundantes en India como valiosas en la Europa medieval.

La ruta de los comerciantes no solo era agotadoramente larga sino que también era cada vez más peligrosa.

Por ese entonces, una combinación de astronomía, azar y destreza ante el timón condujo a un marinero marroquí a encontrar lo que muchos siempre habían soñado: una ruta alternativa. A pesar de que muchos lo habían considerado imposible, él había cruzado el atlántico para llegar a las Indias. Sin embargo, lo hizo en un tiempo de crisis para su país, y el hito del marroquí se convirtió en un rumor que tuvo la suerte de llegar a oídos españoles.

A pesar de estar librando una guerra, España decidió enviar algunos de sus navegantes a confirmar esos rumores. Fue una jugada magnífica.

No mucho después los marinos descubrirían que tras el océano no estaba Asia sino un continente nuevo: el Nuevo Mundo. Naturalmente, el marroquí había (re-) descubierto lo que nosotros llamamos América). Y, a pesar de que las especias no abundaban tal como lo esperaban, encontraron oro. Mucho oro.

La economía ibérica floreció y una dinastía que supuestamente descendía de Yusif Almajid consolidó el Sultanato de Hispanya (al que, de aquí en más, llamaré simplemente España).

Colonialismo

Al igual que nuestro muindo, las potencias Europeas pronto vieron muy conveniente el conquistar y establecerse en las nuevas tierras.

Amarillo y verde amarillento: Territorios del sultanato español / Naranja: Países Bajos / Rojo: Colonias británicas / Azul y violeta: Francia / Verde oscuro: Irlanda / Verde lima (Haití): Italia. | Verde amarillento: Territorios españoles donde la lengua "Portuguesa" es común / Violeta: Territorios franceses luego vendidos a Inglaterra / Blanco: Tierras aún no ocupadas por los europeos.

Los españoles crearon un imperio incluso mayor que el que construyeron en nuestro mundo. Ayudó que Portugal (la más seria competencia de España en la era del colonialismo) no existiera (formando parte aún de España).

Pronto se le unieron otras naciones europeas que decidieron establecerse en el nuevo mundo. Francia e Inglaterra se repartieron la mayoría del territorio norteamericano; los holandeses arrebataron a los italianos la región de las guayanas (lo que creo cierto conflicto entre ambas naciones) y el Caribe quedó repartido entre un gran número de naciones Europeas. Incluso marruecos conquistaría luego algunas islas (además de gobernar las Canarias, cedidas por España como agradecimiento por haberlos ayudado durante las falladas reconqusita y cruzada ibérica.

Tiempos de cambio

El descubrimiento del Nuevo Mundo terminó, de manera indirecta, con la cruzada ibérica. A medida que Gran Bretaña y Francia zarparon hacia el oeste, retiraron tropas del norte español (el antiguo reino de León, sin embargo, permaneció como un estado católico independiente). El poderío de España crecía con sus barcos, que llegaban cargados de oro y riquezas del “nuevo” continente, lo que contribuyó con que Francia cancelara la campaña militar en Occitania.

Pero definitivamente no fue el único factor de cambio en Europa. El ascenso de la burguesía y la difusión del alfabetismo (con la invención de la imprenta en Hungaria) favorecieron la aceptación de las consideradas “nuevas ideas” de un renacimiento más temprano que el de la Europa de nuestro mundo.

El descontento con un papado considerado corrupto y demasiado conservativo dio a lugar a nuevas opiniones religiosas. Pronto Europa occidental (exceptuando a la España mayormente musulmana) estaba dividida entre un número de estados católicos fieles a la Roma papal y aquellos que habían adoptado el protestantismo. Estos conflictos internos entre cristianos previnieron nuevos ataques a la “España infiel” como la llamaban por ese entonces.

Pero la baja en el número de ataques no significa que fueran más tolerantes con ella; protestantes y católicos todavía se mostraban hostiles al mundo islámico, incluyendo a la peninsula ibérica y sus territorios americanos. La preocupación creció cuando otra nación musulmana invadió y conquistó a un antiguo bastión cristiano: el Imperio Otomano que cayó ante los turcos.

El plan del Sultan Ībrahim

Incluso sin guerras esta hostilidad era perjudicial para el sultanato. España probablemente era el estado más rico del mundo pero no podía disfrutar plenamente de esta posición ya que estaba bajo un boicot por parte del resto de Europa.

Por ese tiempo, ascendió al trono un nuevo sultán. Las políticas del sultanato hacia los cristianos siempre habían variado con los distintos líderes, yendo de una hostilidad que ilegalizaba toco culto no islámico hasta cierta tolerancia por parte de otros. El sultán Ībrahim (que eventualmente sería llamado Ībrahim el Grande por quienes lo apoyaron e Ībrahim el Infiel por sus detractores) pertenecía a este último grupo.

Considerando que la religión estatal era el mayor motivo para que el Sultanato fuera rechazado por sus vecinos cristianos, tomó una medida que fue considerada (¿y con razón!) muy arriesgada: abrir su país a todas las religiones. Las protestas y armas de varios grupos contrarios no pudieron evitar que muchos inmigrantes llegaran. Si bien la mayoría de los españoles continuó siendo musulmana, llegaron de cientos a miles de refugiados como italianos protestantes que escapaban de las autoridades católicas que los consideraban herejes, católicos expulsados de tierras protestantes y judíos de un gran número de estados hostiles hacia ellos.

El sultán incluso cambió su nombre y con él el de su patria. Asumió el título “más internacionalizado” de emperador y su sultanato pasó a ser, oficialmente, el Imperio de España (un nombre que que bien concordaba con el tamaño de sus dominios).

Tras luchas internas y montañas de críticas, el plan dio resultados. Europa, poco a poco, pasó a considerar a los Españoles ya no una amenaza sino un socio comercial muy poderoso. No todo fueron buenos resultados, claro. Los países musulmanes del norte africano, antiguos socios y aliados del sultanato, ahora lo rechazaban,

La Edad de Oro

La aceptación e inclusión de la rica España en Europa empujó su economía. Se dio una Edad de Oro en la que floreció mucho más que la economía.

El crisol de culturas italianas, alemanas, hispanas y árabes resultaron ser un seno excepcional para el nacimiento de grandes artistas. Los pintores españoles se codeaban en fama con Leonardo y Miguel Ángel, y la literatura española fue mucho más influyente que nuestro Don Quijote.

Entre la élite intelectual europea se hablaba de los ideales españoles de una tierra de igualdad y tolerancia (claro que esto se daba más en el papel de los estudiosos franceses que en las calles y tierras de una España donde de todas formas abundaban los problemas). Los españoles fueron, junto a otros tantos ideales, el germen de la Ilustración que terminaría con una revolución que instauraría un régimen democrático en Francia y que sacudiría nuevamente el panorama europeo y mundial.

La caída del imperio

La España de la Edad de Oro fue la estrella de Europa; el imperio más próspero, grande y poderoso del mundo. Pero las estrellas más grandes terminan en una implosión y el imperio español estaba cerca de ese punto.

La élite francesa esperaba que el Imperio Español realizara una gran reforma cediéndole poder a su gente; estableciendo una república o, al menos, una monarquía constitucional. Después de todo, era lo mínimo que podía hacer uno de los estados que habían inspirado sus ideales republicanos… Pero esto no fue así.

No solo esos extranjeros estaban desilusionados. El Emperador Alshami, remarcadamente absolutista, era odiado por la mayoría sus súbditos con la notable excepción de cierta élite aristocrática. Tras años de administración descuidada (heredada ya de otros emperadores), la otrora rica España se acercaba a la crisis y los criollos americanos estaban cada vez más descontentos con las autoridades en un continente que no se preocupaba más que en lo que ellos producían.

Tras la Revolución Francesa, los territorios franceses en América (la Canadá de nuestro mundo y parte de Estados Unidos) tuvieron la opción de decidir si preferían continuar con su estado de colonias, unirse solo económicamente a Francia o independizarse. Todos optaron por la segunda opción excepto los estados más occidentales, que decidieron ser independientes. Algunos hispanoamericanos pidieron (no con muchas esperanzas) a las autoridades en Iberia que les dieran una posibilidad de auto-gobernación semejante. La respuesta fueron unas cuantas centenas de soldados para defender “la unidad del Imperio” ante una eventual “revolución subversiva”.  Pronto ya se estaban librando las guerras independentistas.

La República Francesa envió por ese tiempo una carta al Emperador recomendando que reconsiderase su decisión. “Siempre y cuando los territorios de su Alteza Imperial  permanezcan asociados con la Corona Ibérica, la integridad de vuestro Imperio permanecerá sin daños” aconsejaron con un florido estilo. La carta no fue siquiera respondida. Más resultados tuvo una acción en paralelo de aquella República: ayudar y financiar los grupos rebeldes que empezaban a alzarse contra el emperador. Inglaterra, temiendo que Francia se mostrara en contra también de la monarquía británica, ayudó al ejercito español.

Luego de un número de conflictos que, afortunadamente, no llegaron a ser tan sangrientos como los de Francia unos años antes, el Emperador Alshami desapareció. Qué fue de él no se supo, los rumores de que había sido asesinado se mezclaban con los que decían que había huido y las leyendas. Su sobrino, Yusuf III, ascendió al trono e introdujo una monarquía constitucional: el Reino de España. Por ese entonces, la mayoría de las tierras Americanas antes ocupadas por España se habían declarado independiente (con la excepción de Cuba que lo haría unos años después). Años más tarde, se independizaría también la porción más occidental de la península ibérica, la cual había mantenido por siglos una identidad cultural distinta, naciendo así la República de Portugal.

Las colonias británicas se hicieron también con la independencia a pesar de los intentos del Rey Giorge, el cual tras ser culpado por la aristocracia británica, fue ejecutado. Estos aristócratas nobles fundaron lo que ellos llamaron “Democracia Británica”, a pesar de que eran los nobles quienes realmente tenían el poder.

El rey de los Países Bajos, temiendo por su vida tras ver lo que pasaba en monarquías cercanas, decidió dar la mayoría de su poder al Parlamento (aunque se reservó el derecho de vetar cualquier resolución). La corona dio a elegir a su territorio americano Nij Zeeland (en lo que serían las Guayanas y el norte brasileño) entre independizarse o permanecer bajo su corona. Afortunadamente para los holandeses, los Nij-zeelanders decidieron lo segundo.

Las lenguas:

Como dije al empezar el post, soy más conlanger que creador de mundos. Los idiomas fueron una de los grandes motivos para hacer esta historia, este ejercicio mental (el otro fue la curiosidad).

He considerado varios idiomas que pudieron emerger en un mundo así, aunque no creo que los construya a todos (tomaría muchísimo trabajo, tiempo e investigación).

Español

¿Que lengua se hablaría en esta España alternativa? La respuesta corta puede parecer un poco decepcionante: el español. Pero no hay que dejarse engañar por la portada.

El Español de nuestro mundo esta basado en el lenguaje predominante del reino medieval de Castilla, de ahí que aún lo llamemos Castellano, sobre todo para diferenciarlo de otras lenguas de España como el vasco o el catalán. Pero el Español de este mundo alternativo no es el Castellano al que estamos acostumbrados, sino que es una lengua completamente diferente.

A medida que Al-Ándalus crecía en tamaño y poder, su lenguaje ganaba importancia, prestigio y hablantes. Pronto el Mozárabe era la lengua más hablada en la península. El Mozárabe es también una lengua romance, nacida del dialecto de Latín hablado en el sur español. Sin embargo, la invasión de los “moros” supuso que un enorme número de palabras árabes entraran al lenguaje. En nuestro mundo, el mozárabe está extinto y solo unos pocos textos se han recuperado, pero de ellos se infiere que hasta un 40% de sus palabras podrían tener origen árabe.

Esta lengua, el mozárabe, fue al Español de este conworld lo que el castellano antiguo fue a nuestro español. Pero así como leer el Cid campeador es difícil para el hispanohablante moderno, la lengua que yo llamo Español* (con el asterisco para distinguirlo del castellano) en este mundo ha evolucionado mucho respecto al mozárabe medieval.

El cambio más relevante se dio con la apertura de España a los inmigrantes en los tiempos del Emperador Ībrahim, cuando lenguas tan diversas como el italiano, el alemán, el inglés, el Yídish y el hebreo nutrieron a la lengua española*. Mucho más tarde, se establecería en España la comunidad gitana más grande de la historia Europa, por lo que un gran número de palabras romaníes (es decir, de la lengua gitana o Romaní) entraron al idioma. La mayoría de estos préstamos lingüísticos no están presentes en las variedades españolas en América, por lo que se podría decir que el Español* americano es más puro (pero menos variado).

Durante la época de “modernización”, algunos emperadores intentaron que los españoles adoptaran el alfabeto latino pero no lo consiguieron: el Español* se escribe, casi exclusivamente con el alfabeto (abjad para ser más precisos) árabe con algunas modificaciones.

Leonés

El estado cristiano de León en el norte español, establecido por los ingleses durante la cruzada ibérica, tiene su propia lengua nacional, considerablemente más similar a las lenguas de la España de nuestro mundo.

Este idioma es, en su base, una mezcla de los lenguajes tradicionales de esta región: el antiguo leonés y el castellano antiguo. Al estar opuestos al reino musulmán de Al-Ándalus, intentaron adoptar tan pocas palabras árabes como les fue posible, lo cual le dio un identidad distinta a la de las lenguas circundantes. Por otra parte, muchos soldados ingleses y franceses se establecieron permanentemente en León tras la cruzada, lo cual introdujo vocablos del inglés medio (es decir, ni el moderno ni el anglosajón), el francés antiguo y hasta del galés.

El número de inmigrantes fue mínimo si se lo compara con el resto de la península, por lo que no hay tantos términos italianos o romaníes como en el Español*.

Se escribe en el alfabeto latino.

Portugués:

Durante el siglo VIII, en el punto de divergencia entre nuestro mundo y este mundo alternativo, Portugal no existía como un país independiente sino que era una parte del reino de Galicia. Mientras que el Reino de Portugal ya se había independizado en nuestro mundo por el 1139, no obtendría la independencia en el mundo ficticio hasta décadas tras el establecimiento de la monarquía constitucional española.

Al igual que en el mundo real, el Portugués y el Gallego eran un mismo idioma durante esa época, aunque en este caso nunca terminaron de diferenciarse. Los territorios gallegos (que incluían lo que llamamos Portugal) conservaron su lengua incluso tras siglos de dominación mozárabe, aunque la influencia del “español moro” es muy marcada, a diferencia de en el Leonés.

Tanto el alfabeto latino como el árabe fueron usados para esta lengua hasta el establecimiento de la República Portuguesa, donde se decidió oficializar el alfabeto latino (en parte para separarse culturalmente de España y reforzar la identidad nacional).

Both Latin and Arabic scripts were used for this language until the Portuguese Republic was established and Latin alphabet was made official.

Euskara (Vasco):

En nuestro mundo, el Vasco es un sobreviviente de una familia de antiguas lenguas perdidas, por lo que no nos debería sorprender que este resistente idioma haya sobrevivido en este otro mundo. Allí el País Vasco fue conquistado por Francia en la cruzada y, desde entonces, ha luchado por su independencia con poco éxito. El Euskara es ahora uno más de los idiomas regionales no reconocidos de Francia como el Bretón.

El vasco de este mundo no difiere mucho de su contraparte en el mundo real. Por supuesto, las palabras españolas que ingresaron a él en nuestro mundo ahora ya no son castellanas sino mozárabes o (para préstamos más recientes) francesas. Se escribe en el alfabeto latino con una ortografía que es más o menos igual a la que usa el vasco del mundo real.

Provençal (Catalán+Occitano):

El Catalán no tuvo tanta suerte como otras lenguas de España, habiendo desaparecido casi completamente. Solo en las islas baleares se puede encontrar su influencia en el marcado dialecto del Español*.

Mientras tanto, su lengua hermana, el Occitano, tuvo mucha más suerte que en el mundo real, aunque bajo el nombre histórico de Provençal.

En nuestro mundo, la constitución francesa declara de forma explícita que el francés es el lenguaje único de Francia, lo cual no permite al gobierno francés reconocer los idiomas minoritarios y regionales (lo cual se traduce en una enorme falta de apoyo para el occitano, el bretón, el galó, etc.). En este mundo alternativo, la situación es similar con la excepción de que el Provençal comparte el estatus de oficialidad con el francés.

Mexicano y otros idiomas Americano-Europeos.

La posibilidad de que extraños idiomas surgieran en América en un mundo así era demasiado tentadora para abandonarla. Sería interesantísimo ver como sería un idioma Mexicano que combine a ese Español de base mozárabe con el Nahuatl y el Maya. Similarmente, podría haberse desarrollado una lengua mestiza con el Quechua en el Perú.

Por otra parte sería interesante el Nijzeelander (que tiene poco que ver con nuestra Nueva Zelanda (Islas Cook en el conworld) y mucho con una Guayana Holandesa mucho más grande e importante) que podría combinar a un descendiente del holandés y el flamenco (tal vez similar en gramática al Afrikaans) con influencias Españolas* y nativas.

Posibles banderas para algunos países: España (en amarillo dice <Alen> "más allá", referencia a Non-Plus-Ultra y las columnas de Hércules), Portugal (bastante original), Nij Zeeland (la colonia holandesa en el norte de Sudamérica), México (el texto dice <Libertā> "libertad") y León (por lejos la más elegante de las cinco)

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Posted on 2011/10/12, in Al-Andalus, Español. Bookmark the permalink. Leave a comment.

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